viernes, 4 de febrero de 2011

lEJOS dE lO sUYO


Y la nostalgia se derrama desde sus letras
se aglomera debajo de sus párpados
y sangra desde esa herida extranjera
y lo sufre
lo llora
lo escupe
lo vomita
todo en silencio
como sus letras
como su pena lejos de su tierra cerca del destierro.
Y abre los ojos
y la primavera es invierno
y en su cama se despierta sin Ávila
y allí mismo, se duerme sin Caracas
y en las calles no ve sus calles ni las veredas en las que caminaba
y las palabras ya no tienen cadencia, son imperativas
y las noticias exageradas el viento sabe a frío tan lejos de su Caribe
y el suspiro, huele a melancolía.
Y a veces vuelve cada vez con menos fuerza
pero vuelve que no es poco
y ese país encadenado, secuestrado, en carne viva
es su único sitio, su ventana abierta, su refugio
y al despertar respira Ávila
y al acostarse abraza Caracas
y cuando mira al cielo, son sus nubes
y ante todos no se siente al margen
porque es parte porque es suyo o lo era
porque Venezuela ya no es lo que solía
y ella tampoco
...

2 comentarios:

  1. Me emocinas cuando escribes de ella.
    Puedo sentir la pena por Venezuela, la falta de Ávila y la opresión de "ese señor" sobre la tierra que ella añora.
    Preciosa, llena de amor y ternura...como siempre.
    Un gran beso

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  2. Una sola vez lo leí y esa será la única que mi alma podrá soportar por un buen tiempo.
    Pero no, eso no es malo, es hacer, una vez más lo que ya hice conmigo misma desde hace mucho tiempo, tomar mi alma eternamente herida, envolverla suavemente en un papel muy sedoso y esconderla, anularla de mi conciente, de mis latidos, para que no duela tanto o por lo menos pensar que de verdad, al olvidarla un poco, tal vez no exista más.
    La diferencia, la gran diferencia, es que ni yo misma fui capaz de tener el valor de hacerme letras y gritarle al mundo lo que soy, vivo y padezco como lo has hecho tú y, por mucho que haya tenido algún éxito en ocultar de mí misma mi lamento, ahora, que tiene forma tan perfecta y concreta, me será muy difícil, casi imposible, anular la lágrima que acompaña a mi gentilicio.
    Porque lo abstracto, lo etéreo vuela y no toca, lo exacto, la letra escupida a mis ojos desde el ser que más me sabe y el que más amo se torna inolvidable, punzante, amable, tiránicamente adorable y trágicamente inevitable, como las lágrimas que rodaron al leer la última y lapidaria frase.
    Gracias...
    Te amo.
    KAS.

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